martes, 7 de enero de 2014

Los Colegiados Escriben




Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
25 de noviembre



El recurso a sanciones jurídico-penales por parte de los distintos gobiernos, en respuesta a diversos problemas sociales, y el aumento del número de personas que se encuentran privadas de libertad son indicadores que reflejan el aumento de la punitividad formal en España desde hace bastantes años. Algunos autores justifican esta expansión del Derecho penal por el aumento de la sensación social de inseguridad, la identificación de los ciudadanos con las victimas o el descrédito de otras instituciones protectoras frente al delito.

Con la agresión a la mujer existe cierta permisividad si se produce en determinadas circunstancias y en pequeñas dosis. Solo cuando ésta se denuncia o se produce fuera del hogar, la sociedad, y no siempre, empieza a poner reparos.

Esta introducción pertenece al trabajo de investigación que realicé, en 2008, para el curso de especialización en Criminología,  y que titulé “Cuando el crimen tiene sexo. Un análisis de los feminicidios cometidos en España entre 2001 y 2007(“feminicidio” es un neologismo creado a través de la traducción del vocablo inglés femicide y se refiere al asesinato de mujeres por razones de género).

Revisando dicho trabajo he comprobado que algunas cosas han cambiado desde entonces, por ejemplo, el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia (de cuya página Web obtuve los datos estadísticos) cerró en octubre de 2011. Otras permanecen prácticamente invariables: entre 2001 y 2007 fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas una media de 62 mujeres cada año, mientras que, entre 2008 y 2012, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la media se sitúa en 64.

            Como considero que, lamentablemente, siguen teniendo plena vigencia, a continuación reproduzco las CONCLUSIONES a las que llegué en el citado trabajo tras analizar 454 casos de mujeres muertas (entre el año 2001 y el 26 de febrero de 2008)  a manos de sus parejas o ex parejas:

§  El aumento de la punitividad no ha frenado los feminicidios. El agresor sabe que lo que ha hecho está mal, que es ilegal y que está penalizado y sancionado por la ley, pero él establece los mecanismos psicológicos y conductuales para que esto permanezca oculto y justificar su acción. En la cárcel un criminal violento suele portarse mejor que en libertad, dado que el cautiverio le aparta de las dos circunstancias que posibilitan sus crímenes: la OPORTUNIDAD para disponer de victimas propicias y LIBERTAD para acosarlas. Las políticas criminales consistentes en la tipificación de nuevos delitos y sanciones más graves están condenadas al fracaso. Enfrentarse a los problemas que afectan a la población exige políticas sociales.

§  Los feminicidios no producen suficiente rechazo social: los componentes emocionales del asesinato cometido por un desconocido no resultan comprensibles pero, para la mayoría, los componentes emocionales de la violencia dentro de la familia si lo son: muchos, en algún momento de su vida, han considerado la posibilidad de levantar la mano contra su cónyuge o su hijo, por lo que pueden entender, y hasta justificar, que este arrebato de furia desemboque en un crimen.

§  Es un hecho que los hombres son más proclives a delinquir y a comportarse de modo violento. Hagan, en su teoría del poder/control, atribuye esta diferencia en la criminalidad a los diferentes mecanismos de socialización. Establece dos estructuras familiares:

a)    PATRIARCAL: donde existe gran división del trabajo. El hombre trabaja fuera del hogar y la mujer lo hace dentro o en puestos de inferior categoría y responsabilidad.

b)    IGUALITARIA: los papeles domésticos están más repartidos.

En las familias patriarcales, sobre todo, las diferencias en la socialización son más marcadas:

a)    A las hijas se les educa para que asuman papeles domésticos y se las somete a un control especial para evitar que se alejen de los mismos, limitar su tendencia a asumir riesgos y su actividad sexual.

b)    En los hijos se favorece la aparición de esquemas básicos que reproducen la ideología de la familia patriarcal: división del trabajo por género, considerar las tareas domesticas propias de las mujeres, que decidir corresponde al hombre, etc.

En las familias más igualitarias, por el contrario, la actitud de la madre influye en que estos esquemas básicos en los hijos se vean aminorados. Dado que dichos esquemas favorecen la inclinación al delito, esta reducción, que encuentra su origen en la acción de las madres, contribuye a que la delincuencia sea menor en las familias igualitarias. Las madres que se sienten seguras en su papel femenino, que disfrutan de autonomía y participan en la sociedad representan ejemplos muy positivos para los hijos varones y estimulan en ellos una actitud más firme hacia la igualdad de la mujer.

§  El elevado número de feminicidios que se han cometido en el domicilio de la victima, el 73%, pone de manifiesto la ineficacia de las ordenes de alejamiento, así como de las medidas cautelares que obligan al hombre a que abandone el domicilio conyugal cuando se interpone denuncia por malos tratos. Dicha medida solo sirve para acentuar la violencia del agresor que considera una afrenta el ser expulsado de su casa. Continuará teniendo las llaves de la misma y si intenta entrar, aunque se dé aviso a las fuerzas y cuerpos de seguridad, tendrá tiempo suficiente para volver a cometer una agresión que, probablemente, será de mayor gravedad. Por todo ello sería aconsejable que sea la mujer la que salga del domicilio. Esta medida garantizaría su seguridad al reducir la OPORTUNIDAD para que se cometa el crimen.

§  Robert K. Ressler, en su libro “Dentro del monstruo”, enumera las características que diferencian a los asesinos organizados de los desorganizados:

a.    Organizado: planifica el crimen. Posee buenas habilidades verbales e inteligencia suficiente para atraer a su victima a un lugar vulnerable. El control es esencial. Exterioriza el dolor, la ira y el miedo. La mayoría de los asesinos organizados siente una tremenda ira hacia las mujeres. Muchos son violadores o golpean a las mujeres porque, según ellos, no les estimulan lo suficiente. Los asesinos organizados están enfadados con su pareja, consigo mismos, con la familia y con la sociedad en general. Sienten que han sido maltratadas durante toda su vida y que todo está dispuesto en su contra. Cuando matan, no solo arremeten contra las victimas individuales, sino contra la sociedad entera. Con sus crímenes buscan satisfacción emocional.

b.    Desorganizados: cometen acciones que suelen carecer de cualquier lógica normal. A menudo elige victimas de alto riesgo. Una escena de crimen desorganizada refleja la confusión que reina en la mente del asesino. A menudo infringen a la victima heridas terribles, destruyendo la cara o mutilándola después de matarla. Se crían en hogares donde reina una dura disciplina y la familia está sometida a duras presiones (como alcohol, paro, etc). Aprende a interiorizar el dolor la ira y el miedo y carece de habilidades sociales para expresar estas emociones en los contextos adecuados.

Los feminicidios, aparentemente, tienen características de crimen desorganizado (algunos de los asesinos, además de utilizar arma blanca, estrangularon a la victima, 3 casos, la quemaron, 2 casos y en 1 de los casos el agresor, además, le propino una paliza antes de acuchillarla y estrangularla). Esto hace que rápidamente se encuentren justificaciones derivadas de una pérdida de control de la conducta, fundamentalmente por la presión emocional, ingesta alcohólica o consumo de drogas (entre los casos analizados 4 de los asesinos tenían problemas con el alcohol, 10 con las drogas, 5 problemas psiquiátricos y 1 era ludópata, es decir, solo 20 de los 454). Parece que todo hubiera empezado momento antes por una causa puntual y terminase con la agresión, sin continuidad ni relación con nada ni nadie. Pero aunque estas acciones carecen de lógica también reflejan una tremenda ira hacia la victima, y el hecho de que en numerosas ocasiones el asesino se entregue parece indicar que quiere que toda la sociedad sepa que el es el autor, que no se avergüenza, que era consciente de lo que hacia y que considera que ha hecho justicia. Por tanto, este tipo de asesinatos presenta características tanto de crimen organizado como desorganizado.

§  Comprender estos asesinatos exige poder situarse en el lugar de quien los ha cometido. Esto requiere el uso de metodologías cualitativas.

§  Es muy importante implantar programas de intervención precoz con niños, dirigidos a niños entre 4 y 12 años, antes de que los hábitos se hayan consolidado, mientras las criaturas son altamente influenciables y cuando todavía existe la oportunidad de reforzar el desarrollo de la compasión, la tolerancia y la empatía. Si se consigue que un niño incorpore estos atributos a su carácter, habrá menos posibilidades de que maltrate a su pareja en el futuro. No hay que olvidar que la violencia se aprende durante los primeros años de la vida. Los comportamientos agresivos se fomentan a través de mensajes tangibles y simbólicos que sistemáticamente reciben los niños de los adultos, del medio social y de la cultura. De pequeños imitamos e incorporamos al propio carácter muchos de los rasgos que vemos en las personas del entorno inmediato. El método más efectivo para fomentar conductas compasivas y tolerantes en la infancia es explicar y razonar con el pequeño como sus acciones afectan a los sentimientos ajenos.

"Aprender a hablar cuesta muchos meses. Aprender a amar puede
costar años. Ningún ser humano nace con impulsos hostiles o
violentos, y nadie se vuelve hostil o violento sin tomarse el tiempo
necesario para aprenderlo”.

Ashley Montagu, antropólogo

Teresa Suárez Fernández
Colegiada nº 6895-07