lunes, 25 de noviembre de 2013

Los Colegiados Escriben



"No es deseable cultivar por la ley un respeto igual al que se acuerda a lo justo. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en todo momento lo que considero justo" 

Henry David Thoureau. Del deber de la desobediencia civil

La desobediencia civil ha sido, históricamente, y es aún hoy el mecanismo más eficiente para la participación ciudadana. Ésta representa seguramente el único vehículo efectivo para la transformación de aquellas cuestiones que, a pesar de estar recogidas en la legislación, son a todas luces injustas y más si tenemos en cuenta la escasez de medios para la toma de decisiones más allá de las elecciones cada cuatro años. Elecciones, sujetas a representantes que aspiran a ostentar el poder para seguir privilegiando a las minorías poseedoras de los medios de producción capitalista y de las cuales, o bien forman parte, o bien aspiran a ello. Las leyes, como elementos del mantenimiento del orden social establecido son en muchas ocasiones arbitrarias y por ende injustas, de ahí que los grandes cambios de la historia se llevasen a cabo practicando la desobediencia. Uno de los ejemplos más evidentes de la historia podría ser la desobediencia civil practicada para la consecución de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, también ejemplos más próximos y recientes como la insumisión ejercida en España con la objeción de conciencia respecto al servicio militar obligatorio.

Bajo las siglas PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca o Plataformas stop desahucios) se encuentra el mejor ejemplo de que la participación ciudadana cuando se produce de forma masiva puede influir no solo en la toma de decisiones si no sobre todo en la construcción de una conciencia colectiva que haga irremediable el cambio. El ejemplo de que estas plataformas han influido en la toma de decisiones no viene, como es evidente, de la mano de las diferentes chapuzas que desde el gobierno se han llevado a cabo para intentar convencer a la opinión pública de que el problema ha sido solucionado. El ejemplo al que me refiero es que a estas plataformas nos ha surgido un extraño compañero de cama como es la Unión Europea, un organismo que genera tanta desconfianza como los gobiernos nacionales que lo agrupan pero que a su vez ha sacado los colores a quienes se han alternado históricamente el poder desde el fin de la dictadura; y lo han hecho tildando a nuestra legislación hipotecaria de ilegal y abusiva, concediendo a estas plataformas el premio al ciudadano europeo 2013 y paralizando desahucios desde su tribunal de derechos humanos de casas "re-apropiadas" por y para la ciudadanía. Todo esto ante la falta de alternativas ocupacionales para aquellas personas desposeídas de su dignidad. El éxito se encuentra, más si cabe, en la transformación que ha sufrido a raíz de este movimiento el concepto de ocupación; algo que hasta hace pocos años se percibía como una lacra marginal es ahora una cuestión que se reconoce cada día por más personas como una opción lícita. Aunque no lo suficientemente extendida todavía como para plantear problemas más serios al sistema como bien podría ser el cuestionamiento del concepto de propiedad privada.

La indignación que sacudió nuestras dormidas conciencias hace más de dos años con el movimiento 15m no es suficiente si ésta no es reactiva, prueba de ello es que aquello que ha sumido en el silencio a este famoso movimiento es lo mismo que ha hecho extensivo a toda la sociedad los movimientos de stop desahucios: La constancia, o la falta de ésta. Todos nuestros esfuerzos no sirven de nada si éstos no van dirigidos de manera constante y organizada hacia cambios estructurales en modelos endémicos, modelos que nunca han funcionado para todos pero que hasta hace poco parecía tenernos conformes y callados por contentar a la mayoría.

Si nuestra democracia no nos ofrece elementos suficientes para la participación y el cambio, debemos organizarnos para avanzar hacia un nuevo modelo alejado de los miedos que durante la transición hicieron decidir a nuestros padres y abuelos bajo la coercitiva y alargada sombra de la dictadura. Pero ¿pueden unas pocas personas cambiar este sistema? ¿Hasta que punto estos movimientos y su forma de proceder pueden extrapolarse a otros ámbitos? ¿está España preparada para una revolución?

España vive sumisa a una cultura globalizada del miedo, un miedo viral que nos hizo soportar un régimen fascista durante 40 años, un miedo aprendido que nos inmoviliza y que nos haría soportar cien dictaduras más porque, cabe preguntarse ¿es nuestro modelo realmente una democracia? objetivamente yo proclamo que no lo es. Al margen del sistema electoral o la falta de mecanismos que faciliten la participación, todos albergamos en nuestras conciencias la certeza resignada de que las decisiones que nos afectan son tomadas por organizaciones que de lejos trascienden los límites de nuestras fronteras y de las propias esferas de la política internacional. Lo que caracteriza a la tiranía moderna es que ésta no puede ser identificada y es por eso que nos resulta prácticamente imposible acabar con ella; también la caracteriza que ha conseguido hacernos creer que la necesitamos para seguir acumulando los bienes materiales que nos proporciona. Si la tuviésemos frente a nuestros ojos le venderíamos nuestras almas por un iphone5.

Una revolución entendida como una transformación profunda en los organismos políticos, económicos y sociales requiere de millones de revoluciones individuales que nos impidan repetir los mismos modelos que una y otra vez se nos han revelado como inútiles y perversos, requiere de millones de individuos que se nieguen a sostener a las mismas instituciones rancias y obsoletas cuya máxima expresión, aunque no la única, son los partidos políticos.

El empoderamiento del pueblo hacia un cambio estructural pasa primero por deconstruir todo lo que hasta ahora dábamos por verdadero y segundo por acabar no solo con los modelos y formas de gobierno arcaicas y perpetuadas por el poder si no con aquellos que las sostienen; bien sea mediante el mantenimiento del orden establecido, bien mediante quienes defienden que existen vestigios de dignidad en la política institucionalizada. La política institucionalizada (intencionada y perversamente institucionalizada) anda por ahí moribunda y vamos a perder la magnífica oportunidad de rematarla, la oportunidad histórica de gritar a pleno pulmón: “la política institucionalizada ha muerto” ha muerto víctima de aquellos a quienes despojó de su condición de ser humano, víctima de un pueblo que se negó a seguir obedeciendo.

Si la revolución llega, no temáis, seguro que no comenzará en la puerta de nuestras casas.

María García Prieto

Colegida nº8304-07

martes, 12 de noviembre de 2013

Los Colegiados Escriben / Cohousing y mayores

Cohousing y mayores

Factores como el paro, la crisis económica o la incertidumbre laboral, han puesto sobre la mesa la necesidad de diversificar los modelos de vivienda tradicional y desarrollar nuevas formulas de convivencia: retorna la tendencia a compartir.


El cohousing, inspirado en el Modelo Andel de cooperativas nórdicas, se encuadra dentro de estas nuevas fórmulas. El concepto es simple: un grupo de personas, que tiene claro como desea vivir, funda una cooperativa y construye una estructura acorde con sus gustos y necesidades. Las cohouses cuentan con un espacio privado y una serie de servicios comunes (comedor, lavandería, biblioteca, etc). La cooperativa es la dueña de todo y cede el uso de los espacios al residente. Cuando éste fallece su lugar se reserva para un pariente, pero si no está interesado se le devuelve el dinero aportado inicialmente por el cooperativista. 

Aunque en España ha tardado en implantarse (siempre se ha favorecido la propiedad a cambio de exenciones fiscales) ya existen iniciativas de esta clase en Cataluña, País Vasco o Castilla-La Mancha. Concretamente en Toledo el proyecto "Vitápolis" (para cuya realización, junto con un centro de día, el Ayuntamiento ha cedido una parcela de 2.526 metros cuadrados en el Polígono) plantea "un nuevo concepto de residencia, en régimen de cooperativa, formada por un conjunto de viviendas para mayores, con zonas comunes, pensado para disfrutar de las ventajas y servicios de un centro asistencial con la comodidad y privacidad del propio hogar y cuya finalidad es ofrecer soluciones a los problemas domésticos, de salud o de cualquier otra índole derivada de la dependencia que puedan surgir con el paso de los años". 

Actualmente el endeudamiento de las distintas Administraciones Públicas ha llevado a una continua política de recortes en gastos sanitarios y sociales. A la paralización de la construcción de nuevos centros residenciales que den respuesta al aumento creciente de la demanda, debido el envejecimiento progresivo de la población española, se une el insuficiente numero de plazas en los ya existentes y el elevado coste de las mismas (unos 1200 €/persona).

Si a lo anterior añadimos el rechazo a la permanencia en este tipo de recursos asistenciales porque conllevan aislamiento, alejamiento de la localidad habitual de residencia y separación de familiares y amigos, nos encontramos con un buen acicate para plantearnos nuevas soluciones que permitan a nuestros mayores disfrutar de una vejez participativa y bien asistida, en un entorno conocido. Además de físicamente, es importante permanecer activo social y mentalmente, colaborando y disfrutando de iniciativas culturales, sociales y educativas. 

Debido a la carencia de fondos es poco probable que las Corporaciones Locales vayan a iniciar, al menos a corto plazo, la construcción de residencias o centros de día por mucho que esto haya sido la promesa estrella de los programas electorales en aquellas localidades que cuentan con menor número de habitantes y menos servicios, es decir, las más desprotegidas.

Por eso considero que fórmulas tan novedosas como el cohousing son bastante interesantes y dignas de estudio. Un proyecto como éste, en el que los costes se repartirían entre el Ayuntamiento y los cooperativistas, podría ser una posible solución para la falta de centros asistenciales en pueblos pequeños, sin olvidar que, además, supondría un nuevo nicho de empleo para diferentes profesionales (fisioterapeutas, auxiliares de geriatría, personal de mantenimiento y cocina, etc.) algo que también es necesario en estos municipios.

Lograr una mejor calidad de vida de nuestros mayores, los más vulnerables, debe ser prioritario para todos, por lo que desde aquí invito a los Ayuntamientos de localidades pequeñas a que estudien la viabilidad de propuestas similares, sin olvidar que, además, existen otras posibilidades a tener en cuenta como son las viviendas tuteladas o el acogimiento familiar de personas mayores que exigen una inversión económica inferior a la que supone la construcción de una residencia o un centro de día y les proporcionan un ambiente más cálido y cercano.

Teresa Suárez Fernández
Colegiada nº 6895-07

lunes, 4 de noviembre de 2013

Oposición de grito y camiseta

Oratoria: arte de hablar en público de manera persuasiva (“homo bonus dicendi peritus”.

Observando durante unos segundos la imagen de Catón el Censor, es fácil que nos preguntemos si fue más duro su carácter y exigencia o la piedra en la que está esculpido su severo rostro, el cual parece acompañar su tajante afirmación: un buen orador ha de ser un hombre honesto.



Si nos guiamos por esta máxima tal vez nos resulte más fácil entender porque el discurso político practicado en el Congreso de los Diputados está tan alejado de lo que en principio debería ser (aquel pronunciado en una asamblea política con la intención de influir en la toma de una decisión).

Recientemente, durante una sesión plenaria, el portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, refiriéndose a las protestas llevadas a cabo por PSOE e IU por el veto del PP que impidió debatir sus mociones sobre lo que consideran "mentiras" del presidente Mariano Rajoy en torno al “caso Bárcenas”, recordó al PSOE que estaba "obligado" a guardar las formas y "mantener la compostura" si quería recuperar la vocación mayoritaria.

Alonso explicaba que había recomendado al PSOE "no dejarse arrastrar por posiciones que siempre han sido propias de partidos minoritarios" que sí se pueden permitir actuaciones "más radicales". Ahí incluía a Izquierda Unida, cuya manera de actuar definió por "el grito, la camiseta o abandonar el hemiciclo".

Tirando de Googleteca podemos recordar algunas escenas de la vida de los diputados del PP que evidencian que pitos, abucheos y desbandadas ruidosas, no son privativos de ningún partido político:

Viernes, 1 de octubre de 1993 EL PAIS
El PP abandona el Congreso en el debate de reforma del estatuto
Los diputados del Grupo Popular, excepto su portavoz, Rodrigo Rato, abandonaron ayer el hemiciclo del Congreso mientras duró la intervención del representante socialista de la asamblea de Aragón, que presentó el proyecto de ley de reforma del estatuto de esa comunidad. Al iniciarse el debate sobre la propuesta de reforma del estatuto de Aragón, Alfredo Arola, diputado regional del PSOE, tuvo que soportar varios minutos de espera mientras los diputados populares abandonaban sus escaños y el presidente de la Cámara, Félix Pons, pedía silencio para acallar el revuelo que organizó la desbandada popular.

18-12-2002- LA VANGUARDIA

El PP abandona el Congreso y pide la dimisión de Caldera

La sesión de control al Gobierno celebrada en el Pleno del Congreso de los Diputados, la última del año y centrada en el "Prestige", derivó en una bronca monumental, con el PP abandonando el hemiciclo cuando intervenía Jesús Caldera, el vicepresidente Mariano Rajoy esquivando las preguntas de los socialistas y reclamando la destitución del portavoz del PSOE, y diputados del PP coreando "dimisión, dimisión" en el hemiciclo.

Para rematar la función, el secretario general del Grupo Popular, José Antonio Bermúdez de Castro, argumentó que si querían pedir responsabilidades al Presidente, el único camino era la moción de censura, mientras acusaba a PSOE e IU de "intentar desafiar la vida parlamentaria".

Ateniéndonos a los significados de la palabra “desafiar” (retar, provocar a singular combate, batalla o pelea; afrontar el enojo o la enemistad de alguien contrariándolo en sus deseos o acciones; enfrentarse a las dificultades con decisión), acusar a alguien de hacerlo dentro de un recinto cuyos miembros, en nombre del pueblo al que representan, tienen encomendado, entre otras funciones, controlar la acción del Gobierno, no resulta muy atinado sobre todo si lo contextualizamos en el marco de los numerosos casos de corrupción que asolan nuestro país y que afectan a políticos de todos los colores.

Proclamar que el único camino para exigir responsabilidades al Presidente es la moción de censura supone cierta dosis de cinismo parlamentario y jugar con el desconocimiento de los ciudadanos sobre cómo funciona dicha figura.

En “Principios de derecho constitucional español”, Antonio Torres del Moral, refiriéndose al control parlamentario del Gobierno, afirma: “(...) puede distinguirse entre el control ejercido por el Parlamento, que es el formalmente descrito como tal por la Constitución, y el ejercido en el Parlamento por los grupos políticos, señaladamente los de la Oposición; incluso esta segunda faceta se sobrepone a la primera porque también el control ejercido por el Parlamento lo es en realidad por la Oposición, por las minorías, puesto que lo que hace la Mayoría es apoyar al Gobierno y enfrentarse a la Minoría en todas las ocasiones de control”.

Los defensores de la regulación constitucional de la moción de censura (debe adoptarse por mayoría absoluta del Congreso, ser propuesta, al menos, por la décima parte de los diputados e incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno) alegan que, en su momento, estuvo justificada para “conseguir mayor estabilidad en la transición española a la democracia, dado que estaba siendo operada con unas Cortes pluripartidistas, un Gobierno con mayoría relativa en el Congreso y un sistema de partidos escasamente consolidado”.

Ante la evidente dificultad para prosperar “(…) la utilización de la moción de censura, más que el cese de un Gobierno buscará su desgaste político ante la opinión pública y el lanzamiento de una alternativa de Gobierno, con la discusión parlamentaria de un programa y el protagonismo de un candidato de la Oposición, todo ello con vistas a las siguientes elecciones. Propiamente, la responsabilidad gubernamental se gesta en el Congreso y se ventila ante el electorado”.

Y así llegamos a las mociones: “la posibilidad misma de que sea aprobada una moción comprometedora para el Gobierno depende enteramente de la solidez de éste en la Cámara: si cuenta con mayoría absoluta, la Cámara no aprobará nunca tal moción sin su beneplácito y la eficacia de su presentación residirá en la publicidad que acerca de la misma y del debate precedente o subsiguiente hagan los medios de comunicación”.

Por tanto, en el caso que nos ocupa, podemos afirmar que las mociones presentadas por PSOE e IU, aunque no fueron debatidas, sí resultaron eficaces porque alcanzaron gran repercusión mediática que, al final, es de lo que se trata.

Al pueblo, ya lo decían los romanos, para tenerlo contento “Panem et circenses”; nunca hay que menospreciar la fuerza de una buena representación sea cual sea el escenario elegido.

Teresa Suárez Fernández
Colegiada nº 6895-07