martes, 15 de octubre de 2013

Quiero objetar y objeto…

Quiero objetar y objeto…

Ni Dios, ni la naturaleza, ni la sociedad, ni la cultura: el ser humano goza de una irrenunciable libertad para elegir su proyecto vital. El Existencialismo se basaba en negar que la conducta del ser humano, sus decisiones, su comportamiento, estuvieran inexorablemente determinados por su esencia, su biología o su educación. Nadie puede obligarnos a pensar, hacer o decir cosas que no deseamos. Somos libres para escoger y, por tanto, responsables de las consecuencias que puedan derivar, por acción u omisión, de nuestras elecciones, decía Sartre. “Estamos condenados a ser libres” afirmaba. Al igual que la paloma de Alberti, se equivocaba.

¿Existe el libre albedrío? Si la respuesta es afirmativa ¿significa ausencia de coacción en los denominados actos voluntarios o una real y absoluta capacidad de decisión? ¿Qué significa el libre albedrío en el ámbito social? ¿Qué valor tiene si vivimos en una sociedad que impide ejecutar las elecciones libres de nuestra voluntad?

Estamos sometidos a una creciente regulación normativa de aspectos y disyuntivas pertenecientes al ámbito privado cuyo contorno, a fuerza de leyes y decretos, va desdibujándose a marchas forzadas. En vez de experimentar la angustia existencial que Sartre vaticinaba nos hallamos amordazados, presos de las decisiones que otros, en nombre de la religión, la ciencia o el interés público, toman por nosotros. El auge de los llamados Comités de Bioética (más de 200 en nuestro país) así lo confirma.

Concebidos como órganos colegiados de carácter consultivo, con funciones de asesoramiento y orientación, incorporan a personas del ámbito de las ciencias sociales, la salud, el derecho o la filosofía. Velan porque los profesionales y entidades que gestionan tanto los servicios sanitarios como los sociales, orienten su actividad de manera que se garantice la dignidad de las personas, su bienestar y el respeto a su autonomía e intimidad.

La bioética es una disciplina “maja” que, al menos en teoría, se ha inventado para mejorar nuestras condiciones de vida y muerte, pero que en la práctica, no lo olvidemos, no deja de ser un asunto de discusión política que llena las páginas de los periódicos y que es utilizado por los distintos partidos como estandarte para ganarse adeptos según su necesidad de votos. Así la famosa objeción de conciencia (incumplir una obligación de naturaleza legal cuya ejecución produciría una grave lesión en la conciencia de aquel que la aduce), que merma un poquito más nuestra ya de por si disminuida capacidad de elección, es titular, día si día también, en los medios de comunicación, provocando la sobrecarga de las distintas instancias judiciales. Veamos algunos ejemplos.

El Tribunal Constitucional se pronunciará por vez primera sobre si los farmacéuticos tienen derecho o no a la objeción de conciencia para que puedan negarse a vender la conocida como píldora del día después, que puede ser adquirida sin receta”. 

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha emitido un fallo en el que limita el derecho a la objeción de conciencia del médico contrario al aborto al hecho de si se ve "directamente implicado" en el proceso llamado de Interrupción Voluntaria del Embarazo, no así en lo que respecta a la información y asesoramiento que estos profesionales deben de prestar en consulta ante cualquier mujer que acude a solicitar información para abortar. Sostiene que, "para el caso de que una mujer decida interrumpir voluntariamente su embarazo, no se exime al médico del deber de informarle sobre las prestaciones a las que tendría derecho”.

Si de disponer de la propia vida se trata, las barreras para elegir se multiplican. Aduciendo motivos religiosos, que pertenecen al ámbito particular de cada uno, se nos priva del derecho a morir dignamente, a gestionar nuestra propia muerte y la de nuestros seres queridos, cuando ellos ya no están en disposición de hacerlo por sí mismos, ignorando completamente el principio de autonomía del paciente, salvo el caso de que seas afortunado y conozcas la legislación sobre la Declaración de Voluntades Anticipadas, o testamento vital (¿existe alguna normativa más misteriosa, hermética u oculta, pese a que todas las CC.AA. cuentan con una Ley o Decreto que regula esta materia?), y dejes firmado el documento que, se supone, te permitirá elegir no tanto como morir sino como no quieres vivir.

Llegados a este punto, yo me pregunto ¿se me permite a mí alegar objeción de conciencia ante tanto objetor empeñado en señalarme qué debo y no debo desear?

Si tanto preocupa a la sociedad aquellas prácticas, procedimientos o medicamentos que causan la muerte ¿cómo es que no existe ninguna objeción de conciencia a, por ejemplo, la venta de armas? Si en nuestro país basta una licencia para poseer y utilizar armas pues que nos expidan a las mujeres un documento similar que nos habilite para poder comprar la píldora post coital, así se eximirá al atribulado farmacéutico de sufrir remordimientos de conciencia y quedará constancia de que seremos nosotras, y solo nosotras, las que iremos al infierno.

Que así sea.


Teresa Suárez Fernández
Colegiada nº 6895-07

viernes, 4 de octubre de 2013





Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha www.ccpsclm.org
Toledo octubre de 2013

Estimados amigos, colegiadas y colegiado:

En estos días de tribulación conviene no dedicar tiempo a la resignación ni a la desesperanza, es mejor por el contrario que nuestra mirada no se detenga en las dificultades y que, como hemos aprendido en nuestra actividad profesional estemos pendientes siempre del próximo horizonte.

En el 2002 cuando fundamos nuestra organización colegial para la región todo parecía posible, creímos incluso que esta tierra nuestra nos daría oportunidades y alimentaría nuestros sueños y expectativas, y no nos detuvimos a pensar si los Colegios profesionales eran o no la mejor herramienta para tejer nuestra red profesional de apoyos mutuos.

Creímos que con un Colegio profesional tendríamos una plataforma para visualizar mejor nuestra profesión, demostrar nuestra aportación a la sociedad castellanomanchega y obtener el necesario reconocimiento social que siempre nos había costado conseguir y que sin duda es vital para el desarrollo de nuestra profesión.

De entre los nuestros hubo quien entonces como ahora recelaba de los Colegios profesionales por corporativos y rancios, y nosotros que sólo teníamos ojos para el futuro creímos que nada nos haría caer en esa trampa. Lo cierto es que ni siquiera hemos tenido la oportunidad de caer en esos comportamientos corporativistas, pues nuestra profesión no ha llegado a alcanzar reconocimiento necesario, ni se ha producido la demanda profesional que una sociedad compleja requeriría, tanto en el ámbito de las organizaciones (públicas o privadas),  como en el desarrollo de estrategias económicas para el desarrollo de nuestra región.

Por supuesto esto no quiere decir que muchos de vosotros no hayáis alcanzado en vuestro desempeño el reconocimiento y la excelencia propia de un ejercicios profesional más que  eficiente, y son bastantes además los colegas que reivindicando su profesión se han hecho un hueco en multitud de espacios institucionales y empresariales muy importantes para la vertebración regional.

En cualquier caso no quiero dejar de recordar que han sido muchos los profesionales en ciencia política y sociología que han vivido de su profesión a lo largo y ancho de nuestra región, sacando pecho de su calificación, pero lo que no se ha producido es la consolidación de la profesión, ni siquiera hemos sido capaces de establecer redes de contacto ni discursos que colocaran a nuestra profesión en el lugar que le corresponde, asistiendo al doloroso espectáculo de ver cómo otras profesiones se metían en nuestro espacio sin tener la preparación ni las competencias necesarias.

No obstante, dentro de este tono autocrítico, es necesario reconocer que la situación no hubiera sido mejor sin la existencia de nuestro Colegio y que, al menos, su presencia ha contribuido a reforzar la imagen profesional y que algunas actividades sí se han hecho con relativo éxito; pero  lo cierto es que la crisis también nos ha afectado y que en los últimos años apenas hemos podido desarrollar proyectos para las administraciones públicas ni para otras entidades, porque en esto tampoco hemos sido ajenos a la crisis económica, ni a las políticas de austeridad que se están llevando a cabo en nuestra comunidad.

Esta situación nos ha hecho tener que refundar nuestro modelo y pensar en nuestro Colegio más como una red de apoyos mutuos y un espacio de intercambio profesional que es en lo que intentamos cada día. Eso le da a cada colegiado un papel primordial en la propia existencia y funcionamiento de esta asociación profesional, y me atrevo a pedirte tu participación, porque realmente nuestro único capital social se encuentra en manos de nuestros colegiados, sin cuya implicación el Colegio carece de posibilidades para ejercer la misión social que nos habíamos marcado.

Creemos que es necesario establecer canales de comunicación y de intercambio de situaciones y vivencias profesionales. No descartamos que no hayamos sido capaces de trasladaros la verdadera naturaleza de nuestro Colegio. Pero no queremos rehuir de ningún debate, ni siquiera el de la propia continuidad del Colegio, pero nos resistimos a que las cosas caigan por dejadez o por inacción. Por eso estamos abiertos a cualquier sugerencia, porque lo que queremos es ser de utilidad a los profesionales, más allá de las prácticas corporativas de rancio abolengo que parece que solo son patrimonio de algunas profesiones, lo cual no quiere decir  que no debamos ser más proactivos en la defensa de nuestra profesión.

No es la defensa de privilegios corporativos la razón de existencia de nuestro Colegio, pero sí el desarrollo de nuestra profesión y la reivindicación del espacio que nos corresponde. En este ámbito ya nos gustaría poder ofrecer un catálogo de servicios más amplio a nuestros Colegiados, como hacen otros colegios de colegiación obligatoria, pero debemos ser realistas, los ingresos del Colegio no dan par mucho más.

Como muchos también sabréis una reforma legal de los Colegios Públicos está pendiente de ver la luz en breve, y seguro que imagináis que esa reforma no será precisamente para darle más fuerza a colegios que como el nuestro nunca requirió la obligada colegiación para la actividad profesional. Esta reforma sin duda ubicará a muchos de los colegios profesionales no tradicionales en espacios más cercanos al de asociaciones profesionales, lo que de nuevo nos volverá a poner en situación de pensar cual es nuestro papel en la sociedad regional.

Es curioso que siendo como somos los que, en teoría, estamos más cualificados para el análisis social, tengamos hoy como colectivo tantas dificultades para encontrar nuestro papel en la sociedad y estemos privando a esta del aprovechamiento del capital social que suponen nuestros profesionales en el proceso de transformación y el desarrollo de nuestra región.

En fin, esta Junta de gobierno colegial se hizo cargo de la dirección de la corporación en una situación muy delicada, donde primaba el compromiso con la profesión y tal vez motivos de tipo sentimental con el Colegio. Estamos sobreviviendo en una situación difícil, pero queremos resistir manteniendo la ilusión y con la esperanza de que vendrán tiempos mejores y de que todavía podemos hacer cosas en beneficio de nuestros colegiados y sobre todo queremos fortalecer la redes de comunicación y apoyo mutuo. En esta tarea os animamos a compartir experiencias y os invitamos a hacer uso de los recursos que pueda poner el Colegio a vuestra disposición, así como contactar con nosotros a través de email o redes sociales para cualquier iniciativa que consideréis necesaria para vuestro proyecto o pueda resultar de interés para nuestros colegiados. En definitiva, necesitamos de vuestra colaboración.

Mucha suerte y ánimo a todos

Jesús Gutierrez Villalta.
Decano del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología



Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha                                                                                                             
Paseo de San Cristóbal, 6 Local 3  45002 Toledo